¿Puede pensarse la religión como un universo narrativo transmedia?
Lo religioso se expresa desde siempre en muchos lenguajes distintos
En los dos posts anteriores he apuntado dos ideas importantes en lo tocante a la comunicación religiosa. Primera, el paso de un modelo vertical – donde la institución transmitía el relato – a un escenario donde el creyente también produce y comparte sentido. Segunda, la aparición de una tensión que hoy resulta inevitable, a causa – o gracias – a las redes sociales: la que existe entre canon y fandom, entre el núcleo estable del relato y su expansión participativa en las redes.
La pregunta que surge ahora es más ambiciosa. ¿Y si la religión, en su propia estructura, funcionara de manera parecida a lo que hoy llamamos un universo narrativo transmedia?
La comparación puede parecer arriesgada. Pero si la examinamos con cuidado, resulta sorprendentemente sugerente.
¿Qué es un universo narrativo transmedia?
Volvamos a las definiciones. El concepto “narrativa transmedia” fue desarrollado por Henry Jenkins para describir un tipo particular de narrativa contemporánea. Un universo transmedia es una historia que no vive en un solo lugar, sino que se despliega a través de múltiples medios, que añaden “algo” a la historia principal. Esto es muy importante: No se trata de contar la misma historia por diferentes medios (que es lo que tendemos a hacer en la práctica, por desgracia), es más bien como entrar por la misma catedral por distintas puertas, cada una añade una experiencia distinta.
Si aplicamos sus características al fenómeno religioso, empiezan a aparecer paralelismos interesantes:
Un núcleo narrativo fundacional
Las religiones históricas se construyen sobre relatos fundacionales: la creación, el éxodo, la revelación, la encarnación, la iluminación. No son simplemente historias aisladas. Son relatos que organizan un mundo simbólico completo, con sus reglas, sus valores y su horizonte final.
En términos narrativos, ese núcleo funciona de manera muy parecida a lo que en un universo transmedia llamaríamos canon.
Una expansión en múltiples lenguajes
La religión nunca se ha limitado a los textos. A lo largo de la historia el relato religioso se ha desplegado en muchos otros lenguajes: la liturgia, el arte, la arquitectura, la música, la iconografía, la predicación, las tradiciones populares.
Cada uno de estos medios no repite simplemente el relato. Lo interpreta y lo encarna de una forma distinta. Vista así, la religión siempre ha sido profundamente multimodal.
Muchos caminos para entrar en la historia
En los universos transmedia no hay una única puerta de entrada. Algunas personas llegan a una historia por una película. Otras por una serie, un cómic o un videojuego.
Algo parecido ocurre en la experiencia religiosa, riquísima y variada en amplitud y profundidad. Hay quien llega por la liturgia; otros por el arte o la música; otros por una experiencia comunitaria; otros por una búsqueda intelectual. Hay quien, sencillamente, la experimenta como parte de su cultura sin más.
La comunidad también expande la historia
Aquí la comparación se vuelve aún más interesante. En los universos transmedia actuales, las comunidades de fans participan activamente ampliando el mundo narrativo: comentan, reinterpretan, producen contenido.
En la religión encontramos algo parecido desde hace siglos. El relato se expande a través de: el testimonio personal, la tradición oral, las prácticas devocionales, y hoy también la producción digital de los creyentes. El creyente no solo recibe el relato, lo actualiza en su propia vida.
Pero una advertencia importante
Cuidado: reducir la religión a una “franquicia narrativa” sería un error conceptual profundo. La analogía sirve para pensar mejor la estructura narrativa de la religión, no para trivializarla. Y la clave está en cómo se concibe el canon.
En un universo transmedia contemporáneo , el canon suele ser una ficción. Su historia puede modificarse según decisiones creativas o comerciales.
La religión, en cambio, no se concibe a sí misma como una ficción expansible. Se entiende como depositaria de una verdad revelada. Por eso el canon religioso no es simplemente una historia que se puede cambiar para hacer más atractiva: es un elemento central de identidad y legitimidad.
Si la comparación puede ser útil, es por otra razón. Los universos transmedia crean mundos narrativos donde las personas pueden proyectarse imaginativamente.
La religión hace algo todavía más radical: No ofrece simplemente una historia dentro del mundo. Ofrece una historia sobre el mundo. Un marco narrativo que permite interpretar la realidad, el sufrimiento, el tiempo, el destino humano.
Por eso el relato religioso puede desplegarse en tantas formas distintas sin perder unidad. No es solo una narración. Es un mundo narrativo habitado.
Es decir…
Pensar la religión como un universo narrativo transmedia no significa trivializarla. Significa reconocer algo que quizá siempre estuvo ahí: que las religiones históricas han sido, desde mucho antes de internet, sistemas narrativos expansivos, multimodales y participativos.
La cultura digital no inventa esta lógica. Lo que hace es volverla visible.
Tal vez el verdadero desafío para las instituciones religiosas no sea adoptar estrategias transmedia. Tal vez el desafío sea más profundo: darse cuenta de que, en cierto sentido, la religión siempre lo fue.