El Papa León y su lección de storytelling a los obispos españoles
La mayoría de los discursos papales intentan convencer o exponer una doctrina. El que León XIV dirigió a los obispos españoles el pasado 8 de junio hizo algo distinto: les convirtió en personajes de una historia.
En su viaje a España (6-12 junio), el Papa León XIV está dando muchas sorpresas. Para mí la más grata, desde el punto de vista de la comunicación, es el discurso que dio a los obispos españoles en la mañana del 8 de junio en la sede de Añastro. En lugar de explicar a los obispos qué debían hacer, León XIV hizo algo mucho más eficaz: les contó una historia en la que podían reconocerse como protagonistas. Pocos líderes optan por una estrategia así cuando se dirigen a una audiencia tan selecta.
De hecho, todo el discurso está organizado alrededor de un relato: la Iglesia española como una comunidad de peregrinos que recorren el Camino de Santiago. Mira que hay imágenes bíblicas tradicionales que podría haber usado: la barca de Pedro, el rebaño, etc. Sin embargo, elige el Camino de Santiago, que tiene un impacto emocional positivo enorme en el ámbito español.
Y aquí aparece una de las claves de su estrategia narrativa:
No les habla de sinodalidad. Les habla de caminar juntos.
No les habla de reforma eclesial. Les habla de preparar la mochila.
No les habla de evangelización intercultural. Les habla de encontrarse con otros peregrinos.
La función del storytelling no es adornar las ideas, sino volverlas visibles. León XIV toma conceptos complejos —sinodalidad, reforma pastoral, cultura del encuentro, evangelización— y los convierte en experiencias que cualquier peregrino entiende intuitivamente.
Con la imagen del Camino de Santiago, introduce de una vez todos los conceptos del sínodo de la sinodalidad y la famosa “Iglesia en salida” de su predecesor. Y al utilizarlo, el Papa consigue algo fundamental en storytelling: apela a una experiencia que los destinatarios conocen emocionalmente. No hay que olvidar que buena parte de los obispos ha hecho físicamente el Camino de Santiago en algún momento de su vida.
Pero es que además, el discurso sigue la lógica clásica de un viaje. No diría que es el viaje del héroe tal cual, pero tiene varios elementos reconocibles.
Empieza por la salida. El Papa plantea la pregunta: ¿Cómo afrontar los retos actuales? No responde directamente, sino que apela a la imagen de la mochila: discernir qué dejar y qué conservar. Es una tensión muy bien construida porque evita los extremos. No dice: "Hay que abandonar el pasado". Tampoco: "Hay que conservarlo todo". La imagen narrativa es más poderosa: el peregrino sabio sabe qué llevar y qué dejar. “Los peregrinos del Camino de Santiago saben bien que en la mochila debe cargarse sólo lo esencial”, les dice.
Otro elemento interesante: el Papa convierte los desafíos pastorales en personajes del viaje. Son los emigrantes, los alejados, los trabajadores extranjeros, los habitantes de las ciudades, los jóvenes, las víctimas de abusos y los no creyentes. Lo más sorprendente: no son problemas, sino personas encontradas en el camino. Esta es una operación narrativa muy importante. La pastoral deja de ser gestión de problemas y se convierte en historia de encuentros.
La imagen más bonita del discurso, en mi opinión, es cuando habla de las grandes llanuras castellanas vistas por los peregrinos. Conecta la imagen de la España vaciada con las comunidades debilitadas por la secularización y la pérdida de referencias religiosas. El paisaje físico explica el paisaje espiritual. Esta es una técnica narrativa muy eficaz porque permite "ver" una realidad compleja.
Luego están los mentores. El Papa introduce dos figuras históricas: fray Hernando de Talavera y santo Toribio de Mogrovejo, como personajes que ya recorrieron un camino parecido: cambio cultural, nuevas lenguas y evangelización en contextos inéditos. Con esta estrategia, consigue que los obispos visualicen una línea de acción. Aparte, no sé si el Papa sabe que la figura de fray Hernando de Talavera es ampliamente conocida y apreciada por el público español gracias a la serie de TV Isabel (2012-2014).
Otra imagen preciosa es la de la noche. Toda peregrinación tiene una fase oscura. Aquí aparece la noche: es la polarización, la incertidumbre, las divisiones eclesiales y la crisis de confianza. Pero el Papa introduce inmediatamente la solución narrativa: caminar acompañados. No es casual. La doctrina sobre la comunión episcopal aparece envuelta en esta imagen de compañeros que avanzan juntos en la oscuridad.
¿Y dónde está el antagonista? Brillante. Sí que hay enemigos, pero no son externos. No hay antagonistas políticos, ni ataques ideológicos, ni culpables sociales. En muchos relatos eclesiales contemporáneos los antagonistas suelen ser evidentes: la secularización, la ideología, la política o los medios. León XIV toma otro camino. El verdadero enemigo es interno: el miedo, el inmovilismo, la división y la incapacidad de encontrarse con el otro. Esto es importante, porque a nivel narrativo toda transformación requiere identificar al antagonista del héroe para que exista una tensión y un reto que superar.
Genial, ¿no? Al usar esa imagen tan potente del Camino de Santiago, el Papa ha transformado la visión de la jerarquía. Los obispos no son administradores, gestores de crisis o responsables de estructuras. Son peregrinos, compañeros de camino y guías de otros peregrinos.
La estrategia de convertir los retos pastorales en elementos reconocibles del camino persigue provocar un cambio emocional, quitándoles buena parte de su carga negativa. También ha introducido el concepto de sinodalidad y de primacía de las personas frente a las estructuras. Ha concretado en qué consiste la famosa cultura del encuentro y la nueva evangelización. Y todo ello, sin despeinarse.
Y aquí está la lección más interesante para cualquier comunicador. León XIV no utiliza el Camino de Santiago como una ilustración bonita. Lo utiliza como un marco narrativo capaz de reorganizar la percepción de sus oyentes. Cuando termina el discurso, los problemas siguen siendo los mismos. Pero los obispos ya no los contemplan desde la mesa de un despacho, sino desde la senda de un peregrino.
Quizá por eso eligió el Camino de Santiago. Porque los grandes comunicadores saben que las personas rara vez cambian por una explicación. Cambian cuando descubren que forman parte de una historia. Y durante unos minutos, León XIV consiguió que los obispos españoles se vieran a sí mismos no como gestores de una institución, sino como peregrinos en camino.